EL PERDEDOR QUE GANA

Realmente los calificativos para la catástrofe japonesa se quedan cortos. Terrorífico, descomunal, inconmensurable, horripilante, espantoso, desmesurado o incluso milenarista… Es casi imposible separar la descripción de la emoción que provoca en nosotros de la causa que la genera. En estos momentos, tan cercanos en el tiempo a la sucesión de las catástrofes (terremoto, maremoto, incendios y accidentes nucleares) niponas, es difícil aproximarse a ellos sin que esa emoción determine nuestras reflexiones. Ello, lejos de ser un riesgo, puede ser una oportunidad para que las voces emocionales que nos habitan, a menudo tan despreciadas o reprimidas, puedan cobrar protagonismo. Y no se trata de convertirse en esclavo de dichas voces. Tan sólo es una oportunidad para escucharlas. Escucharlas activamente. Y escucharlas con respeto y amor. Es posible que tengan algo que decirnos.

En relación con el tema de este blog, el liderazgo, y en la línea sugerida por Arnold Mindell (padre del trabajo de procesos y del elderazgo),  me recuerda al capítulo 48 del Tao Te Ching, que es uno de los libros más antiguos que existen (600 a.C.) y una de las bases del trabajo de procesos. En él Lao Tse aborda las habilidades necesarias para cuidar procesos, grupos, personas y también el planeta. El capítulo en cuestión podría llamarse “el perdedor que gana” y dice así:

“El estudiante del conocimiento (aspira a) aprender día a día. El estudiante del Tao (aspira a) perder día a día. Perdiendo continuamente, se alcanza el no hacer nada. No haciendo nada, todo está hecho. Para conquistar el mundo debes practicar la renuncia. El que persigue la acción jamás conquistará el mundo.” (Tao te Ching, libro clásico de la sabiduría china, RBA Libros, 1998)

El nuevo líder -el élder o sabio- no tiene nada que ver con el líder tradicional, con la idea convencional dominante en occidente del aprendizaje permanente, del “aprender día a día”. Frente a la acumulación de cantidades ingentes de información, los sabios descubren la escasa importancia de los datos, guarismos, análisis y comentarios ante la realidad concreta de cada momento. Porque ante la fuerza de la realidad -de nuestra naturaleza personal o de los movimientos telúricos- el auténtico líder se da cuenta de que no puede forzar nada importante: ni a las personas ni a las montañas. No se puede forzar a las personas por encima de sus posibilidades como tampoco se puede forzar al planeta más allá de las suyas. En caso contrario, la naturaleza -de las personas y del planeta- nos enseña, si estamos dispuestos a aprender, una lección clave: a ser perdedores, a esperar y no hacer nada salvo ser más conscientes de lo que ocurre.

El élder necesita aprender a esperar y a interpretar las señales enviadas por las personas que le rodean, por los acontecimientos que suceden a su alrededor, tanto en el entorno como en su propio interior, en los sueños, en las expresiones del cuerpo de las personas, y también en los mensajes enviados por la naturaleza… Sin escuchar estas señales, no hay liderazgo -elderazgo- posible. Simplemente, seguiremos reproduciendo el statu quo, el estado de cosas, manteniendo los problemas existentes, sin resolverlos.

Desde luego, no hacer nada no significa pasividad. Antes hablaba de escucha activa: una escucha abierta, dispuesta, receptiva, profunda. Un no hacer nada que es no forzar, como también mencionaba más arriba. Es un estar presente y utilizar la energía de lo que está pasando en cada momento, en lugar de forzarla.

Como si de alguna de las réplicas del terremoto o alguna de sus gigantes olas residuales se tratara, el caso japonés nos plantea cuestiones inquietantes como la de la seguridad de la energía atómica o la de la industria química. Conozco bien el Parque Natural de Hornachuelos: es una de las zonas más bellas y biodiversas de la Sierra Morena: ¿es posible que en los centenares de miles de años de radiactividad que tienen los residuos nucleares no sucedan graves terremotos en el cementerio nuclear de El Cabril, situado en el entorno de dicho parque natural?

Sólo la naturaleza, como podemos apreciar en episodios como el actual japonés, tiene el poder. También la naturaleza humana lo tiene. La auténtica naturaleza humana. Sólo una intervención que respete nuestra genuina naturaleza puede funcionar ayudando a la resolución de los retos presentes y futuros.

No es la temática de este blog, pero es obvio que la fuerza del ejemplo es cautivadora y no he podido resistirme a utilizarla, en un ejercicio de oportunidad: aprender a perder, y a la vez, aprender a escuchar las señales que nos manda la naturaleza, es el reto. Escuchar no sólo la naturaleza telúrica, sino también nuestra propia naturaleza, la de la humanidad, más allá de intereses parciales o economicistas (todos tenemos que aprender a perder, también las empresas y personas que viven de la energía nuclear).

Este ejercicio de escucha profunda que aprende a perder es una de las habilidades del nuevo líder que ya está empezando a nacer. ¿Vamos a ayudar al parto?

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2 respuestas a EL PERDEDOR QUE GANA

  1. Rafa Delgado dijo:

    Hoy, mientras escuchaba en la radio a un técnico en energía nuclear afirmar que a día de hoy no hay medio físico de contención/enfriamiento de los reactores en la central japonesa y que un porcentaje aún por determinar de radiactividad escapará al control (ya se ha evacuado un radio de 30 km) no podía dejar de pensar en que la ECOLOGÍA (sólo existente como concepto desde mediados del s. XIX) más que una rama de la Biología, más que una corriente de pensamiento o modo de interactuar con el medio en tu día a día es EL ÚNICO LENGUAJE QUE LA TIERRA, de la que somos moradores ocasionales, ENTIENDE. Y sucesos como este terremoto/tsunami ocurrido a un imperio que vive de espaldas a ella y de cara a la producción/depredación no es sino una necesaria CURA DE HUMILDAD que debemos, como bien dices en este blog, escuchar, analizar, integrar…para que reformulemos nuestra relación con el medio y las formas de uso y obtención de energía.
    Respecto a las “voces emocionales que nos habitan”, a las que haces referencia, soy bastante más pesimista. Dudo que el común de los telespectadores vea más allá de la lectura que de GRAN ESPECTÁCULO (morboso por real) tienen las imágenes transmitidas en las televisiones. En parte debido al modo en que son emitidas.
    No sé por qué pero tendemos a reproducir los errores del pasado por mero inmovilismo o simple egoísmo. Dicen que la diferencia entre un sabio y un necio es que ambos pueden por distracción reposar su cansado cuerpo sobre un hormiguero en el bosque…pero el necio se queda sentado en él.
    Medimos todo por la “conciencia” del precio que nos cuesta. En dinero y en esfuerzo…lo económico es siempre lo mejor. Si la energía nuclear es barata y no me obliga a reducir mi actual consumo desmesurado…¡QUE VIVA LA ENERGÍA NUCLEAR!…pero que no me la pongan cerca de casa, claro está.

    Señales nos sobran…lo que nos falta es sensatez para interpretarlas o no tergiversarlas/despreciarlas.
    ¿Somos dignos de vivir en este planeta?.
    ¿Hasta cuándo seguiremos siendo tan cortoplacistas?.

    • Coincido contigo casi en todo, salvo en el pesimismo ante el indudable avance y desarrollo de la conciencia global sobre la ecología y el respeto a los procesos biológicos naturales. Siento que eso está dentro de mí porque también está fuera de mí. Aprendiendo a escucharme, aprendo a escuchar las señales que también vienen desde el exterior. Y no tengo ninguna duda de que la humanidad aprenderá el mensaje que el planeta, del que forma parte, le está enviando.
      Aunque en estos momentos, la tristeza y el dolor por el sufrimiento del pueblo y de los ecosistemas japoneses -que no el pesimismo- son las voces emocionales que me habitan.

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